martes, mayo 09, 2006

El fin de semana

Debo hacer una anotación antes de comenzar. Muchos se alegrarán cuando vean este nuevo artículo, simplemente porque lo estaban esperando y la curiosidad sobre Canadá los mata. Eso es bueno. Deben saber que la mejor manera de motivar al autor es leyéndolo y además haciéndole saber que lo leen. Para eso están los comentarios. Si yo veo comentarios y preguntas, pues entonces me animo a escribir más. Si no, pues pienso o que no están leyendo o que no gusta lo que aquí se escribe. Regañito.

Después del regañito, detalles sobre el fin de semana. Mi amigo Mauricio, muy querido, se le ocurrió la excelente idea de ir al centre-ville (al centro, como diríamos en Pereira). Pues tomamos un bus, la ruta 67 que va de St-Michel, el barrio de Mauricio a la estación de St-Michel. Mi primera montada en bus (y todavía acompañado como niño chiquito). Tal vez se me olvidó contarles que mis amigos, después de que habían planeado toda la semana que el sábado irían a tomar el metro conmigo, para enseñarme (como a niño chiquito), finalmente no se animaron. En lugar de eso, decidieron llevarme hasta la puerta de la casa de Mauricio. Se aseguraron de que alguien me abría y que fuera mi amigo (como a niño chiquito).

El bus es bastante grande y cómodo. Parecido a los transmilenios en Bogotá. Con todo y la tecnología, debo mencionar algo que realmente me pareció simpático. Aunque los paraderos están claramente definidos, los pasajeros deben pedir que el bus pare. Eso se hace oprimiendo un botón rojo en una cajita amarilla, igualitico al de las busetas nuevas en Pereira. Lo chistoso es que como estos botones sólo están cerca a la puerta, pues entonces se han inventado un sistema para que cualquier persona pueda solicitar la parada: una cuerda que está cerca a la parte superior de las ventanas y que al halarla pues genera el aviso correspondiente. Como los buses en Pereira, hace 25 años! Para subirse, basta con mostrar el pase que se compra para todo el sistema y para todo el mes. 127 dólares canadienses. Háganme el favor! Claro que en mi caso se trata de un tiquete costoso porque vivo lejos de la ciudad y la ruta principal es bastante larga y toma casi 30 minutos. Mauricio, por ejemplo, compra el pase por la mitad del dinero.

El bus lo lleva a uno hasta una estación de metro, donde uno lo que hace es bajar y bajar y leer rápido todos los letreros para tratar de entender para donde es que uno va. No es difícil finalmente. Sólo existen 4 trayectos, verde, azul, amarillo y naranja y cada trayecto no tiene sino 2 puntas. Uno debe saber, pa' dónde va y entonces mirar en un mapa con los trayectos y los nombres de las estaciones. Escogida la estación, no hay problema.

Nunca había montado en un metro. Me pareció, principalmente, muy veloz. Uno puede ir de una punta a otra, de un extremo a otro de la ciudad en cerca de 30 minutos y tal vez menos. Me parecieron cómodos, pero la velocidad me alcanzó a preocupar. No quiero imaginarme un accidente de dos trenes metro.

Con Mauricio fuimos hasta BERRI-UQAM, que es el centro de centros porque allí se reúnen todas las líneas. Salimos por la salida (así se llaman, la sortie) que se supone iba hacia Boulevard Maisoneuve. Estábamos buscando el lugar donde yo debía ir el lunes, a la cita en el Centro de Integración. Resultó ser exactamente en el sitio de la salida. A 2 pasos.

Desde allí, Mauricio quiso que fuéramos a una calle llamada Sainte-Catherine. Esa calle es exactamente lo que es Montreal. Los carros más espectaculares del mundo, BMWs, ferraris, limosinas, todo como de película. La gente más rara del mundo. Mucha gente y especialmente estudiantes hablando en inglés, español y quien sabe qué mas. Los peinados de las chicas y de los chicos. Los almacenes, casinos, centros de dirversión, los sitios con eventos X, etc, etc. Los grandes edificios, las grandes iglesias. Las luces. Todo en una sola calle, representando lo que llaman la ciudad cosmopolita. Todo al final del día, cerca de las 8 de la noche, aún de día, claro, con un cielo cambiando de oscuro a claro, de arriba a abajo. Espectacular!

El clima un poco duro. El frío ya estaba golpeando y eso que yo andaba con la chaqueta más gruesa que tengo, rellena de plumas. Finalmente no era un problema. Para mí es como Bogotá. Fuimos a comer a SUBWAY, un sitio de cadena que vende sandwiches. Ya lo había probado en uno de mis viajes a Eastman, al chalet.

Había olvidado mencionarles que Mauricio vive en un barrio bastante bonito. Hay muchos habitantes de color, parecen todos descendientes o inmigrantes de Haití, según pude medio ver. También hay latinos. El barrio tiene un parque espectacular en la parte de atrás. Tenía toda la intención de publicar una foto, pero ustedes saben que a mí la tecnología me atropella.

3 comentarios:

  1. Anónimo9:50 p. m.

    Gracias. Por fín, otro escrito suyo. Veníamos muy mal acostumbrados a ver sus blogs diariamente en la red.
    No crea que no lo leemos o que no tenemos preguntas, es que escribir no es fácil.
    Yo tengo inquietudes relacionadas con el dinero; ya que está allá, ¿qué cantidad de dinero cree usted que necesita una familia de cuatro personas para pasar bien una semana? Considerando una situación similiar a la suya, es decir, recién llegado y sin empleo. Adicionalmente, pensando en que no llegarán donde un amigo sino que tendrán que buscar una casa para arrendar.
    Le agradezco de nuevo por su dedicación.
    Un amigo más.

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  2. Luego del regaño, paso a decirte querido Juan Diego que ando emocionadísima con lo que me cuentas y sólo pienso en el frío HP que debes estar sintiendo...jajjaj..eso de que se parece al frío de Rolotá me congeló. Tu sabes lo que pienso de ese frío y, por eso, te mando todo el calor que me es posible. Un beso grande y muchos éxitos.
    PD: Te confieso que me estoy animando...

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  3. Anónimo2:52 p. m.

    Fuimos a comer a SUBWAY, un sitio de cadena que vende sandwiches

    jeje ... en Colombia ahora hay SUBGUEY ....

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