martes, octubre 27, 2009

Es que el complejo está ahí

Fue inocentemente. Nuestro lector me contactó y me contó cómo estaba contento, ansioso, aterrorizado y algo más a causa de la llegada de la cita para la entrevista. Normal, obvio.

Pues nos animamos a hacer una entrevista simulada. MSN, audífonos y vámonos. (Esa es la razón de la oferta de la esquina superior derecha).

El resultado: perfecto. El hombre habla francés, responde las preguntas, se expresa, entiende. Inglés, lo mismo. Por supuesto que estuvo presente el chistoso bloqueo en el cual algunas palabras sólo salen en francés. Pero en general, muy bien. Lo que logran 6 o 7 niveles de francés en La Alianza. Se lo dije. Se puso feliz.

Ojo que cuando digo "perfecto" no quiero decir que al hombre se le confundiría con un francés o un quebeco. No. Simplemente quiero decir que hubo una comunicación. Que hubo entendimiento.

El hombre es diseñador gráfico.

Y entonces le recomendé que cuando viniera, que no fuera a dejarse agarrar por el complejo del inmigrante. Y él me contestó que no, que claro que no. Que a él le había tocado duro en la vida y que había hecho de todo. Que le jaló al tema de los muebles en madera, que estudió diseño gráfico gracias a que se pagaba sus propias clases dando espectáculos bailando salsa y dando clases de salsa. Que hasta le había jalado a la cocina y que había aprendido mucho de eso. Mejor dicho, ehcado pa'lante como el que más. No cabe duda.

La sorpresa llegó cuando yo le dije que entendía que tuviera esa berraquera, pero que no creía que el tuviera que llegar precisamente a trabajar en oficios "varios". Precisamente porque le acababa de hacer una "evaluación" de sus niveles de inglés y francés.

Pues el hombre creía que le tocaba usar su experiencia en los "varios" al llegar.

No.

Precisamente no. Es en eso en lo que insisto. Si usted tiene un nivel como el del corresponsal, y lo demuestra pasando la entrevista, cosa que estoy completamente seguro le ocurrirá a él (y a usted si llega aquí, obvio), usted NO necesita NI estudiar más francés, NI trabajar en oficios varios al llegar. Ustede PUEDE (y debería) llegar a buscar un trabajo en su área.

Pienso que cualquier otra actividad que se emprenda es sólo un reflejo de un temor a enfrentar el nuevo mundo. El temor causado por el complejo del inmigrante.

lunes, octubre 12, 2009

Y es que se me olvidó

Todo el cuento del idioma lo eché para llegar a una conclusión. Y se me olvidó escribirla.
La conclusión: El mensaje que quería transmitir tiene que ver con el Complejo del Inmigrante. Quería de alguna manera hacerles ver a ustedes, mis queridos lectores, que el tema de las dificultades con el idioma siempre estará allí. En mayor o menor grado. Lo que importa, es que aunque se tengan ese tipo de dificultades, se puede:
1) Encontrar un empleo en su área
2) Conservarlo
Infortunadamente la experiencia no se puede transmitir. Sólo después de que usted se atreva y encuentre el empleo que la va a resolver todas sus penas, entonces se dará cuenta que era más miedo que otra cosa. A usted le toca descubrirlo por su cuenta.
Google Maps http://maps.google.ca incorporó una funcionalidad muy chévere. Métase y dele cualquier dirección en Canadá, USA, (y hasta París). Por ejemplo, dele 688 Sherbrooke Ouest, Montréal. Luego, tome el pequeño hombrecito de color naranja que se encuentra encima de los controles de zoom y arrástrelo sobre alguna de las calles del mapa. Le debe aparecer una foto del lugar. Ahora, con el ratón, arrastre a diestra y siniestra (izquierda y derecha) para que haga girar la vista. Una buena forma de familiarizarse con el entorno que vivirá!

miércoles, septiembre 16, 2009

El idioma

Es que déjenme yo les cuento un poquito de mi "background" respecto del idioma inglés y entonces tal vez así puedan entender un poquito como es que me siento y lo que opino respecto del tema. Por ahora me concentraré en el inglés, pues el francés tiene y merece cuento aparte.
Inglés? Pues por mucho tiempo se supone que lo he "hablado". Ja ja ja. Me alcanza a dar risa.
Empecemos por los comienzos. Parece que una de las primeras canciones que me "aprendí" fue Let It Be, de The Beatles. Seguramente sonaba mucho en mi casa cuando yo tenía 3 o 4 años, y seguramente balbuceaba algunas palabras parecidas al coro de la canción: "leribí, leribí, leribí" o algo así. Antes que los pollitos o "lloran los guaduales", que la recuerdo como mi primera en español. En todo caso, muchos Beatles sí oí.
En el colegio, estoy casi seguro que en ningún grado de primaria nos hubieran enseñado nada mas allá de "pollito chicken, gallina hen" y a lo sumo otras 15 o 20 palabras más. De hecho, ni siquiera recuerdo clases de inglés en primaria. Ah sí! Recuerdo que en kinder o en primero nos echábamos la bendición en inglés.
En bachillerato, creo que nos enseñaron otras 20 palabras. No sé por qué tengo la impresión como si cada vez que ganaba el año, lo ganaba todo, menos inglés, porque en el siguiente grado veíamos como lo mismo otra vez. Y eso que recuerdo varios profesores de inglés. Ahora pienso si es que los métodos o las leyes creían que éramos muy pequeños como para aprender algo más que palabras. O los profesores. Lo que sea, estaba muy mal, pienso ahora.
Sólo en cuarto de bachillerato recuerdo haber recibido una clase de inglés. El profesor era muy querido: Jorge Isaac. Trabajaba en la misma empresa donde mi mamá lo hacía. Allí, él era profesor de inglés también. (Mi mamá no, para efectos de que no se me vayan a imaginar...) Jorge Isaac era además medio hermano de un compañero del colegio a quien quería mucho: Luis Hernando Pastor López, qepd.
Pues Jorge Isaac si le dio duro al tema de los pronombres, los verbos, y los auxiliares! Por lo menos nos enseñó cómo construir frases con do, did y amigos. Y las evaluaciones solían ser conversando!!! En inglés. Qué pesar! Ese fue el final del inglés en medio académico para mí. Quinto y sexto (once) fueron la pesadilla del francés con la mamasota de mi profesora Luz Stella (tan querida y tan odiada!). Quién iría a pensar que años después yo podría sostener algunas pocas y cortas conversaciones en la lengua de Molière!
Volviendo a la de Shakespeare, mi otra experiencia se la debo a la música "americana", que fue la que siempre más me gustó. Seguro a muchos de ustedes también.
Pero tal vez la más valiosa, por haber "matado" el miedo a la lengua inglesa, tuvo que ver con los computadores. Yo le jalé desde muy niño a ese cuento y no había otra manera de hacerlo, en ese entonces, que leyendo documentación, manuales y software! que venían obviamente en el idioma universal. Eso me permitió familiarizarme con las estructuras básicas y me dio suficiente vocabulario técnico para incluso poder aceptar la bibliografía inglesa en la universidad casi que sin ninguna aprehensión, como si se tratara de libros escritos en la lengua materna.
Y eso es todo. Jamás tomé un curso de inglés, jamás compré un curso por correspondencia. Sumemos: la música, los computadores, una que otra clase en el colegio, de la que solo se rescata la de cuarto de bachillerato y la literatura técnica en la universidad.
Con esas bases llegué a Canada. Aquí, tomé un solo curso en McGill, pero ya en un nivel avanzado y obviamente luego de haber empezado a trabajar en la universidad.
Es que siento que a veces no entiendo ni jota!
Leyendo los correos y la documentación no es un problema. Escribiendo, tampoco mucho. Uno se busca las palabras que faltan en Internet y hasta se usa Word para que corrija ortografía y gramática.
Los problemas empiezan con la escucha. Frustra mucho no entender muchas expresiones, los chistes y toneladas de palabras! A veces simplemente me toca hacerme el loco. Si no conozco el contexto, por ejemplo, puede tomarme bastante rato entender lo que me están diciendo.
La siguiente, en orden de dificultad, tiene que ver con hablar. Lo frustrante tiene que ver con dos aspectos. El primero, no saber cómo decir algo y entonces tener que explicarlo una y otra vez, con otras palabras y "contorneando" el muro. El segundo, cuando por más que se diga lo que se quiera decir, no te entiendan por culpa de los problemas de pronunciación.
Nada nuevo, supongo. Seguro que a todos los que estamos por acá nos ha pasado.
Mi discusión está fundada en el sentimiento que tengo según el cuál ya no hay nada qué hacer. Me siento como estancado en el nivel. Como que no hay forma de mejorarlo.
Y no me vayan a poner un comentario diciendo que lo que hay que hacer es tomar un curso! Si hay algo de lo que estoy seguro es que el problema no es de falta de clases. Es que yo ya llevo 2 años y medio trabajando en inglés. 8 horas diarias.
Pienso más bien que tiene que ver con lo inevitable del envejecimiento y que como ya no somos niños, ya no hay como aprender!!
Me encontré esta perlita en Internet: www.notcanada.com. Para los que aún no vienen.
A ver cuántos se atreven a cambiar de plan?

sábado, agosto 22, 2009

Un bañito de ruda o alguna otra clase de riego o rezo

Eso parece ser lo que necesitamos. Es que ya hasta habíamos cantado victoria (así, con minúscula). Este verano no nos había pasado nada en el lago Deux Montagnes navegando con Lorenz. No nos había.

Recordarán los asiduos lectores que en el primer verano que vinieron mis nenas, tuvimos un pequeño “naufragio” de la canoa que se ata al bote y que las niñas terminaron en el agua, incluyendo a Mariajo debajo de la misma. En el verano pasado Dani se dislocó un hombro, tratando de regresar al bote. Esa lesión le quedó medio permanente porque recientemente se lo dislocó de nuevo jugando tenis en la Wii. El médico le prohibió jugar tenis. Que ni en la Wii.

En este verano las cosas ocurrieron así: Al bote velero venía atada la famosa canoa y a ella, a su vez, un pequeño bote salvavidas. Éste último no tan frágil como los inflables para piscinas y niños. Estaba mas bien construido en un material parecido a las lonas de las carpas. Resistente diría uno.

María del Mar, en la canoa. Maria José en el pequeño bote. Todos los demás, incluidos mis amigos María Isabel y Alain, su hija Sofía, Juana, Victoria, Lorenz y yo en el bote grande. El viento estaba fuerte y algunas de las pasajeras venían medio asustadas por las obvias inclinaciones del bote por efecto de la fuerza del fenómeno natural.

El lago estaba picado, también en razón del viento. Por picado me refiero a que el oleaje era fuerte. Ya veníamos de regreso para la casa de campo de Lorenz. Súbitamente, María Isabel gritó algo. Que la nena, que no se qué. Cuando volteamos a mirar, el pequeño bote en el que venía Mariajo se había quedado estancado, como si no estuviera ya amarrado a nosotros, había prácticamente desaparecido y Mariajo estaba flotando y gritando con las manos extendidas. Lejos. A unos 300 o 350 metros diría yo. El velero se alejaba a muy buena velocidad y cada vez veíamos más lejos a la nena.

Lorenz inició la maniobra para regresar. Entenderán ustedes que no se trata de un carro y que no se puede simplemente voltear el timón o echar reversa. Yo quería tirarme de inmediato al agua pero Lorenz dijo que no hacía falta.

Pasaron varios minutos mientras regresábamos por la niña. Yo sólo pensaba en la mala suerte y trataba de imaginar qué podría haber pasado. No podía creer que la nena tuviera otro susto, casi en las mismas circunstancias de hacía 2 años.

Cuando estábamos suficientemente cerca, convencí a Lorenz de dejarme saltar. No porque fuera realmente requerido para el rescate sino porque quería consolar a la nena y hablarle mientras la sacábamos. Pues salté. Juana dice que siempre lo hago estilo Baywatch (ella lo pronuncia mal y chistoso, algo así como Weywash).

Cuando llegué donde la nena, vi que el botecito estaba prácticamente desinflado. De no ser por dos pequeñas recámaras independientes que hacían el “piso”, lo demás ya estaba sin aire y los restos apenas flotaban. Mariajo estaba llorando y diciendo que había sido una tormenta. Qué pesar. Ella ya había venido hablando del Titanic y cosas parecidas. La muchacha no es una muestra de optimismo.

Yo empecé a hablarle con el objetivo de distraerla. Ya llevaba menos de un minuto con ella cuando sentí una inmensa sombra que me cubría y luego un golpe fuerte en la parte trasera de la cabeza.

Dizque todos me habían estado gritando para avisarme: “La canoa!”. Incluso María del Mar que aún seguía en ella. Pues resultó que la canoa pasó detrás de mí, a la velocidad del velero y me golpeó. La suerte estuvo en que no fue lo suficientemente fuerte para noquearme. Después hacíamos cálculos y la cosa hubiera estado complicada. Juana no es gran nadadora y sostenía a Victoria. María Isabel igual, con Sofía. Alain no parece ser tampoco un nadador. Sólo nos queda Lorenz, quien entiendo por ninguna razón podía abandonar el bote. Él es el capitán y el responsable del resto de la gente.

Con el golpe, Mariajo y yo quedamos separados nuevamente. Cuando regresé, le seguí hablando. Le hablaba de lo “rápido” que Lorenz había volteado el barco para regresar, de la suerte de tener en qué flotar, de lo cansado que ya estaba con el esfuerzo. Ella decía que también estaba ya cansada y entonces simplemente nos agarramos al resto de botecito y nos dejamos llevar.

Ellos llegaron hasta nosotros y sacaron a la nena. Yo subí al bote por mi cuenta.

Qué día. Llegamos a la casa de campo. Lorenz y yo íbamos a competir esa noche. Entonces decidimos que yo me quedaba con el carro. Las llaves, los papeles y el celular los dejé bien empacaditos en el estuche de la cámara fotográfica. Juana y las muchachas se iban a regresar con Alain y María Isabel aprovechando que ellos tenían espacio.

Nos despedimos en la casa, pues ya se nos hacía tarde. Chao. Ustedes cierran. Lorenz y yo regresamos al bote, corrimos y ganamos. O por lo menos creo que le ganamos al bote al que había que batir. Ellos se fueron.

Al regresar de la carrera, no había estuche de cámara por ningún lado. Alguien del combo se lo llevó por accidente y estaba en casa de María Isabel. Juana y las nenas partieron entonces para la casa y Lorenz me tuvo que conducir hasta allí para recoger las llaves. 45 minutos. Otros 45 minutos regresando a la casa de campo por el carro. Otros 45 minutos para llegar a la casa.

Échenle una buscadita en el mapa. Del lago Deux Montagnes a Brossard.

La cuerda con que venía amarrado el botecito no se reventó, ni se soltó del aro al que se amarra. La fuerza del oleaje rasgó la lona arrancando un trozo de la misma, con aro y todo. Esa fue la lección. No se puede confiar en esos materiales cuando el oleaje está fuerte.

Se reciben sugerencias. El bañito de ruda será para nosotros, para Lorenz, para el bote?

viernes, agosto 14, 2009

Anochecer de un día agitado

Sábado. La levantada como a las 6 am después de no haber dormido casi nada en la noche, en parte por el cansancio de la empacadera y en parte por un poco de excitación respecto de todo lo que se venía encima.

Nos tocaba desayunar en la calle porque supuestamente en la cocina ya no habría nada. Desayuno quebeco en un restaurante que casi no encontramos. Delicioso como siempre pero un poco a la carrera. Nos tocaba estar a las 9 am en la nueva casa. Los del lavavajillas habían llamado un par de semanas antes para coordinar la entrega para ese día, el 1 de agosto. Que igual nos iban a llamar un poco antes para reconfirmar. Efectivamente reconfirmaron el jueves, puntualitos. Que listo, que confirmado para el sábado 1 de agosto. Que una máquina del sistema automático nos iba a llamar el viernes para darnos el rango de horas en el que deberíamos esperar el despacho. Efectivamente, recibimos la llamada de la máquina el viernes informando que el sábado 1 de agosto entre 9 am y midi (12 m) sería entregado el lavavajillas. Por eso la carrera del desayuno.

Pero quién se quedaba en la nueva casa esperando? Pues yo. Juana aún tenía mucho que empacar y ella era la que sabía qué iba en dónde. Y las niñas, las grandecitas, obviamente conmigo. Ellas estaban locas desde la noche anterior cuando nos entregaron las llaves. Victoria, obviamente con la mamá. Pues ni tan obvio. Juana me la empacó!

Pues nos dieron las 10 am en la nueva casa, sentados en el piso, mirando pa’l techo, las mayorcitas, Victoria y yo. En ese momento caí en cuenta que yo tenía que estar en el metro de Longueuil a las 11 am para recoger a Javier, de pronto a su hijo y a mi otro amigo John Jairo. Todos venían a ayudar para el trasteo.

Ya Miguel había llamado para preguntar que por dónde empezábamos o que qué hacíamos. Fabricio igual. Que ya venía en camino. Miguel decidió entonces empacarse en su camioneta la lavadora, la secadora y el comedor que estaban en su casa (esa es otra historia que ni prometo contar).

Qué hacer? Cómo hacer para esperar el lavavajillas y al mismo tiempo ir a Longueuil? Imposible.

Una opción era que Miguel se trajera a Juana para la nueva casa y yo irme. Pero Miguel aún no salía. Nada que hacer. Me tocó dejar a las mayorcitas solas mientras me volaba por Juana. Les dije que usaran señales o lo que fuera, en caso de que llegaran con el lavavajillas. Volando con Victoria, solos. Recogimos a Juana y nos la trajimos para la nueva casa. Juana no alcanzó a empacar nada.

Yo llegué a Longueuil donde recogí a John Jairo, a Javier y a Andrés, hijo del último. A Miguel nos tocó pedirle el favor de que nos esperara en la vieja casa, pues allí no había ya nadie.

Con los hombres en el carro, arranqué para Boucherville, a recoger a Abelardo, que obviamente también quería ayudar.

Cuando llegamos a la vieja casa, Andrés, Javier, John Jairo, Abelardo y yo, Miguel ya nos estaba esperando. Fabricio decidió lavar el carro antes, así que aún no llegaba.

Miguel ya había descargado comedor, secadora y lavadora en la nueva casa y nos estaba esperando en la vieja.

Pues en esa camioneta empacamos prácticamente todas las cajas. Como en 15 minutos. Gracias a la agilidad en el acomodamiento de parte de Miguel y Javier. Y a la velocidad de los demás bajando cajas.

Miguel y Javier arrancaron para la nueva casa, mientras nosotros, los demás, buscábamos a Fabricio para que nos prestara los tirantes que traía para subir los electrodomésticos pesados. Pues cuando llegamos a la nueva casa Miguel y Javier ya habían descargado todas las cajas. Increíble. En otro santiamén, quedaron en su sitio la lavadora y la secadora.

Miguel se tuvo que ir a mercar. Eso dijo y tocó creerle… Lo bueno fue que se llevó a las mayorcitas para que se entretuvieran con las de él. Ahí se le agradece a Rafa el esfuerzo.

Yo me llevé a todos los demás muchachos para la vieja casa para ir organizando lo que restaba: muebles, colchones y demás. Allí los dejé y me fui a recoger a Dani y Luzma. Ellos debían acompañarme para ir a buscar el camión. Dani se quedó con el carro mío y yo conduje el tiesto de camión hasta la vieja casa para cargarlo.

Ya Fabricio había llegado. Organizó magníficamente el cargue. Por supuesto ya con Dani se completaba una buena cuadrilla y rindió mucho más.

La otra campeona fue Luzma. Aunque no nos había podio colaborar en la mañana, por pura falta de coordinación, se reivindicó haciendo tal vez lo más cansón de todo en un trasteo: empacar “lo que falta”.

A la hora del desembarque, en la nueva casa ya había por lo menos cervezas y gaseosas para refrescar las gargantas. Maryit y Felipe no hicieron nada menos que fríjoles para todos. Los cargaron hasta la casa y tuvimos un almuerzo en familia delicioso. Un poco presionado por el sindicato que me armaba la cuadrilla, se debe reconocer.

Al final del día, después de devolver el camión quise ir a recoger las nenas y no las encontré. Pues ya estaban en la casa, con Miguel, Rafa y familia. Pues como si fuera poco, estaban ayudando a desempacar y a organizar lo básico, cocina y demás.

Pues Miguel venía armado de herramientas y en un buen rato logramos armar camas y cuartos.

Fue más el corre corre y la organizada de tantas manos que querían colaborar. Finalmente todo salió perfecto.

A Miguel, Rafa, Javier, Andrés, John Jairo, Abelardo, Fabricio, Dani, Luzma, Maryit y Felipe, mil gracias. A las familias que nos los prestaron, igual. A Ruth, que nos prestó el carrito para cargar y que Andrés usó magistralmente para mover nevera, estufa, sofás y de todo, también!

El lavavajillas nunca llegó. Al día siguiente fui a anular el negocio. Que por qué preguntaron en el almacén. Que tranquilo que la entrega está programada perfectamente para el 5 de agosto. Sí, cómo no!

post scriptum (ps): Se me olvidaba Rochi! Sólo tiene 8 años y es hija de Maryit y Felipe. Cargó más que muchos, incluso mientras 12 estábamos parados discutiendo y haciendo chistes sobre el espacio de la nevera. Mil gracias a ella.

ps2: Me acaban de reclamar mis hijas. Es que yo no estaba cuando ellas cargaron montones de cajas y ayudaron a subirlas. Mil gracias a ellas también.

domingo, julio 26, 2009

Los notatios sí la sudan

Ni parecido a los notarios de Colombia. Aquí, el notario es elegido, contratado y pagado por el comprador.
El notario se encarga absolutamente de todo el proceso de compra venta. Desde la revisión de títulos y documentos legales de la propiedad, pasando por la elaboración de los documentos hasta el manejo del dinero.
Qué camello! Al tipo le toca entenderse con absolutamente todo el mundo. Con la ciudad, para todo lo referente a la identificación de la propiedad y los impuestos. Con el banco para efectos de las condiciones de la hipoteca y el manejo del dinero. Con el constructor o el conserje, para efectos de las cuentas de coadministración de la propiedad. Con el vendedor para validar las cuentas pendientes con la ciudad o la administración y con el comprador para los efectos del dinero de la cuota inicial y los cruces con todo lo demás.
Es que adicional al simple hecho de validar, dar fe sobre la transacción y escribir y firmar la "escritura", el hombre se encarga del tema de las reparticiones.
Cuando uno compra una propiedad que no es nueva, pues ya se han causado dos tipos de impuestos, los municipales y los escolares, y ya hay cuentas con la entidad que administra la copropiedad. Entonces al notario le toca saber exactamente cuánto le toca a cada uno y hacer las llamadas "reparticiones" que no es otra cosa que un balance para saber si el vendedor le queda debiendo dinero al comprador o al contrario.
Lo que me parece mejor organizado es lo del dinero. Resulta que el banco no le da la plata a uno ni al vendedor. Se la da al notario! Y la cuota inicial, el comprador se la da al notario! El tipo toma todo el dinero y se encarga de repartirlo entre el vendedor y el viejo banco, si había una hipoteca previa. Adicionalmente, se toma la libertad de retener dineros de comprador y vendedor por si algunas cuentas no quedan del todo claras y dependen de facturas y cobros que podrían llegar más adelante. Muy organizado el sistema.
De esa forma, entonces uno simplemente recibe un día una llamada. Traígame un cheque por 4.328,12 CAN$. Punto. El lleque debe ser certificado y va girado a nombre de FULANITO DE TAL IN TRUST. El notario actúa como un fideicomiso y por tanto la clausulita. Resulta que el número es calculado con el valor de la propiedad, lo que presta el banco, el seguro SCHL (una de las superaseguradoras que cubre todas las hipotecas en Canadá) y todas las demás arandelas y retenciones, todo consignado en el documento de reparticiones aceptado por las partes.
Lo bueno del asunto es que uno no carga con dinero y no se preocupa de que el vendedor no vaya a firmar después de recibir el dinero ni nada.
En el caso nuestro, la cosa era aún un poco más enredada porque para efectos de obtener una tasa preferencial, debíamos firmar la venta a mas tardar el 15 de julio, aunque íbamos a tomar real posesión el 31 de julio. Este hecho hacía que el vendedor fuera responsable de pagar los intereses de la hipoteca durante las dos semanas que iba a conservar el inmueble, más los seguros, más los impuestos.
Finalmente pagamos, firmamos y ya estamos listos. En una semana nos vamos para la nueva propiedad. La que compró el banco!

jueves, julio 23, 2009

Traducciones

Hoy les quiero enseñar otro truquito que me dio buen resultado.
Para efectos de obtener la equivalencia de títulos por parte del Ministerio de Inmigración de Québec (mal llamada homologación por algunos inmigrantes), tuve que traducir mi título universitario y mis notas. Ellos me dieron un listado de algunos traductores de la Orden de Traductores que obviamente trabajan en español.
Afortunadamente el listado contenía no solo direcciones y teléfonos sino también los correos electrónicos de la mayoría de ellos.
El truco: Escanée (???) mis documentos, 3 páginas, y les envié un correo a todos ellos (usando BCC, por supuesto) y les pedí que me cotizaran dinero y tiempo. Es decir, sometí el trabajito a las leyes del mercado. El resultado, varias decenas de cotizaciones pasando desde los 100 y más dólares por página, hasta la ganadora que me cobraba 60 dólares por todo el trabajo (consistente en un diploma y dos páginas de notas). Muchos de los traductores le dieron vueltas al asunto y sólo me enviaron de regreso un teléfono para que yo los contactara. Perdieron.
Dos noticas adicionales para los que no saben y aún no han llegado. 1) No traduzcan nada en su país de origen. Es mejor esperar aquí a ver qué se requiere traducir y además hacerlo con gente autorizada, de la Orden, por supuesto y 2) Para los colombianos, no hagan proceso de apostillaje. Canadá no hace parte del convenio de La Haya y por tanto ningún documento necesita venir apostillado. Se ahorran una platica y la vuelta, que además parece que está complicada por estos días.