sábado, agosto 20, 2011

Qué verano!

Vinieron mis primos de España. Bueno, los hijos de mi primo, que vienen siendo casi lo mismo. Nada fácil con los muchachos. Al menor lo expulsaron de una escuela de verano donde los inscribimos.

Vieron mis nenas. Habíamos planeado estar juntos 2 meses. El asuntó duró apenas 2 semanas. Hubo un problema en la casa y la mamá las convenció de que lo que ellas querían era regresarse. La tristeza ha sido inmensa. Esperar todo un año para verlas y luego que me las arrebaten... Lo peor es que su regreso para próximos veranos quedó otra vez en veremos, como siempre.

Con mis primos también casi toca despedida anticipada...

Se murió mi amigo Mauricio. Uno de los pocos rescatados del Complejo del Inmigrante. Un cáncer de cerebro lo mató en poco más de 2 años. Murió de 33 años cuando tenía su vida resuelta. Nos deja a su esposa Ángela Cachetes y a su bella hija Marianne, que cumple 3 añitos la próxima semana. No recuerdo nunca haber estado tan cerca de la muerte. Su deceso me ha puesto ha pensar y me tiene más filosófico que nunca. Esa sensación de que ayer lo ví y lo pude saludar y de que hoy no está. Que su cuerpo ya no es más que carne. Para los que vayan a comentar sobre el asunto, por favor recuerden que soy un poco más ateo que el papa (porque soy un convencido de que no debe haber nadie más ateo que él).

Ayer íbamos para la fiesta de cumpleaños de los hijos de Fabricio. Al mediodía me habían hecho una pequeña cirugía por una bolita que tenía en un dedo. Un uñero infectado, pienso yo. Para la cirugía el médico había usado anestesia, pues le toc­aba emplear bisturí y luego cauterizar. Luego del almuerzo, mi esposa me sugirió que me tomara un ibuprofeno para aliviar el dolor y el ardor que sentía.

Cuando íbamos en camino, por la autopista Décarie y casi llegando a la 40, me empezó a picar todo. Los dedos de las manos, la boca, el cuero cabelludo, las axilas. Empecé a sentir que mi garganta se cerraba y una opresión en el pecho. No sabíamos qué hacer. Pensamos que era una reacción alérgica a la anestesia. Sin embargo, habían ya pasado casi 2 horas y medio de la cirugía.

En un momento pensamos que deberíamos llamar al 911. Yo estaba realmente asustado, especialmente por la dificultad para respirar. Infortunadamente el tráfico no estaba fácil. No imaginaba cómo íbamos a poder orientar al servicio de ambulancias. Decidimos que lo mejor era salir de la autopista y dirigirnos al hospital. La suerte fue que el más cercano es también mi preferido: El judío.

Pues la señora del triage ni siquiera me mandó de regreso para la sala de espera ni a hacer documentos. Me pidió mi tarjeta del hospital, que afortunadamente tenía a la mano, y me metió de una a la sala de emergencias. Es mi primera vez en una sala que sí se parece a la de las series de televisión.

Nunca me había conectado a nada. Y ahora estaba yo allí con oxígeno, conexiones al electrocardiograma, una sonda para líquidos y drogas, medidor de oxígeno en un dedo y un tensiómetro automático. La droga que me pusieron me mandó a dormir no sin antes marearme y darme esa sensación de final de la vida. Qué maluco! Luego de un par de horas la droga perdía su efecto pero yo estaba tan cansado que sólo intentaba dormir. Infortunadamente el tensiómetro estaba programado para tomar medidas cada 5 o 10 minutos. No sé. Todo era una mezcla entre la realidad y los sueños.

Nunca se nos ocurrió. Incluso alcanzamos a pasar revista por todos los ingredientes del almuerzo. Sólo en el triage recordé lo del ibuprofeno, por el interrogatorio de la funcionaria. Ni lo habíamos considerado, por ser supuestamente un medicamento común. Pues sí. Ese fue el diagnóstico: reacción alérgica al ibuprofeno.

Los resultados de los exámenes de sangre salieron casi bien. Ahora parece que hay un problema en los riñones, así que a consultar con el médico de familia.

No ayuda mucho para el ánimo haber estado visitando a mi amigo en el hospital varias veces. Ni que la paciente de al lado de mi cama tuviera un cáncer de colón. Y uno conectado a tantas máquinas en un hospital...

6 comentarios:

  1. mi pana a mi cuñada en un viaje a bogota, el ibuprofeno le cayo mal y casi la mata, es la segunda persona q leo q le da una vaina por ese medicamento, yo como q ni lo pruebo.

    saludos y cuidese, lo necesitamos para seguir leyendolo.

    gabriel r

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  2. mi hijo es tambien alergico al ibuprofeno y aqui me han dicho que el diclofenaco es de la misma familia, asi que cuidado con ese medicamento tambien.

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  3. Puta madre viejo, que días!

    Mi mas sentido pésame y un gran abrazo para ti y tu flia. Quedo a tus ordenes como siempre.

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  4. Juan Diego, cuídate mucho. Por fortuna recibiste atención médica oportuna.
    Con relación a la muerte de tu amigo, definitivamente es una situación muy lamentable; te dejo una frase de Facundo Cabral: "No perdiste a nadie, el que murió, simplemente se nos adelantó, porque para allá vamos todos. Además lo mejor de él, el amor, sigue en tu corazón".
    Un abrazo.

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  5. Anónimo7:37 p. m.

    Siento mucho la perdida de tu amigo, yo he perdido también personas muy cercanas y duele demasiado y pasa lo que vos decis, te pones filosófico, creo que es pro que te enfrentas a la mortalidad y uno nunca esta preparado.
    En cuanto a las drogas, que peligro lo del ibuprofeno, yo soy alérgico a las aspirinas y a los anti gripales, es lo peor, las gripes me toca aguantármelas todas mientras que todo el mundo puede "controlar los síntomas".

    Esteban

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  6. Uff qué días eh!!!
    Lamento la pérdida de tu amigo y la corta estadía de tus hijas, debe ser durísimo de soportar.
    Un abrazo, y espero que todo mejore,
    Fede

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